Lecturas antifonales

34° EL DIOS ETERNO

Salmos 90:1-10, 12, 15-17

Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación.
Antes que naciesen los montes y formastes la tierra y el mundo,
Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.
Vuelves al hombre hasta ser quebrantado,
Y dices: Convertíos, hijos de los hombres.
Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó,
Y como una de las vigilias de la noche.
Los arrebatas como con torrente de aguas;
Son como sueño, como la hierba que crece en la mañana,
En la mañana florece y crece; a la tarde es cortada, y se seca
Porque con tu furor somos consumidos,
Y con tu ira somos turbados.
Pusiste nuestras maldades delante de ti,
Nuestros yerros a la luz de tu rostro
Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira;
Acabamos nuestros años como un pensamiento.
Lo días de nuestra edad son setenta años;
Y si en los más robustos son ochenta años,
Con todo, tu fortaleza es molestia y trabajo,
Porque pronto pasan, y volamos.
Enséñanos de tal modo a contar nuestros días,
Que traigamos al corazón sabiduría.
Alégranos conforme a los días que nos afligiste.
Y los años en que vimos el mal.
Aparezca en tus siervos tu obra, y tu gloria sobre sus hijos.
Sea la luz de Jehová nuestro Dios sobre nosotros,
Y la obra de nuestras manos confirma sobre nosotros;
Si, la obra de nuestras manos confirma.